Acababan de hacer aquel terrorífico examen de física por el que Momo, Joe, Salva y Eli estuvieron estudiando como locos el otro día.
Momo, salía muy contenta de la clase, seguida por Joe, que en seguida le preguntó sobre el desarrollo de su examen.
Eli también salía muy contenta, al igual que Salva, que la abrazó muy fuertemente mientras decía que le había salido genial. En aquel momento, mientras que no sabía lo que pasaba y que su cabeza estaba dando vueltas por aquel gesto tan íntimo por parte de Salva, Eli se acordó de que la profesora les había castigado el día anterior. Le separó un poco de ella, y todavía un poco mareada por el gran abrazo de su amigo, cogió a Salva del brazo y empezaron a correr.
-¿Adónde vais? –preguntó Joe mientras ellos corrían.
-¡Al aula de convivencia! –gritó Eli mientras corría arrastrando a Salva tras de sí.
-Nunca cambiarán –dijo Momo con una amplia sonrisa, mientras les veía correr por el pasillo.
-Son así –contestó el chico mientras le daba un beso en la mejilla.
Entonces Momo se quedó estática en el sitio. ¿Le había besado? ¿Joe le había dado un beso? Se puso roja como un tomate, tocándose levemente pon la punta de los dedos la mejilla que le había besado Joe. No había sido un beso de esos que salen en las películas sino un pequeño y suave beso en la mejilla, pero para ella había sido mejor, mucho mejor que cualquier otro tipo de beso.
Joe, a su vez, la miraba tiernamente. No había sido el beso que él le hubiera dado, pero las circunstancias no le habían dejado otra. Le divirtió la cara que puso la chica cuando le dio el beso. Sorprendida y sonrojada.
-Estás rojísima -dijo Joe divertido, medio riéndose.
Momo se sorprendió al escuchar tan de repente la voz de Joe. Vio que se reía y se dio cuenta de que tenía la cabeza muy cargada. Seguro que estaba sonrojada a más no poder. Entonces sonrió para sus adentros. Se le había ocurrido algo. Aprovechó que Joe seguía riéndose para agarrarle de la camiseta, atraerle hacia ella un poco más, ponerse de puntillas y darle un beso en la mejilla. Aunque calculó un poco mal y le besó casi en la boca.
-¡Me tengo que ir! ¡Tengo club de literatura! ¡Nos vemos después! –dijo Momo que empezó a correr nada más soltarle.
Joe se había quedado pinchado. No pensaba que Momo haría eso. No pensaba que le iba a besar. ¡Y casi en los labios! No sabía si le iba a dar un infarto o algo parecido, su corazón iba a mil por hora.
Cuando escuchó que Momo se iba se dio rápidamente la vuelta para decirle que se esperara. Pero no salió nada de su boca. Sólo se quedó mirando la silueta de Momo que se perdía entre los pasillos, y que en el último momento, al cruzar la esquina del pasillo, Momo le guiñaba un ojo divertida, riéndose y sonrojada, muy sonrojada.
Se quedó solo en el pasillo. Ni un profesor, ni un alumno ni compañero. Sólo él, pegando saltos y gritos por la emoción que le recorría todo el cuerpo en ese momento.
+.-o-.+
Salva y Eli llegaron al aula de convivencia 5 minutos tarde, ya que se habían parado un momento a hablar con el profesor de física.
Eli se disponía a entrar cuando Salva se acercó a ella, como si no quisiese separase de ella al entrar en aquella clase llena de mini delincuentes.
Ella le sonrió, relajada. Él se contagió de aquella hermosa sonrisa y se tranquilizó.
Juntos, entraron en el aula.
+.-o-.+
Mientras tanto, Marco se había ido a la pradera del instituto, ya que estaba muy aliviado y por otra parte cansado por haber acabado ya el maldito examen de física.
Se estaba durmiendo cuando vio a Step. Se reincorporó sin prisas y cuando estuvo sentado, suspiró molesto. Nadie iba a dejarle en paz durante el descanso, ¿o qué? Si acaso a la única que dejaba estar con él en aquellos momentos de tranquilidad era a Valen. Siempre había animales a su alrededor y ella, no sabía cómo, hacía que los pájaros que le acompañaban cantaran melodías relajantes para que se quedara dormido. Pero no. Como siempre, llegaba Step. El chico venía muy acalorado pero contento y emocionado.
-¿Qué coño te pasa, tío? Pareces que vienes de correr una maratón –preguntó Marco cabreado porque le acababan de despertar.
-Nada. Simplemente estoy muy feliz –contestó el tirándose al lado de su amigo- ¿Y tú qué pasa? ¿Te vas a poner borde por haberte despertado de la siesta? –dijo divertido y con una sonrisa. Marc se le quedó mirando. Sea lo que fuese que le había ocurrido, parece ser que era muy bueno. Bufó sonriendo.
-Hmp, ¿y se puede saber por qué? –dijo Marco sin mucha emoción, esperándose cualquier cosa.
-¡Tengo novia! –gritó Step con una amplia sonrisa.
-… -Marc se le quedó mirando fijamente. Luego, para sorpresa de Step, Marc empezó a partirse de risa.
-¿Tú? ¿Novia? ¡Jajajaja! ¿El tío más flipado de todo el instituto? ¡Jajajaja! –dijo Marco mientras se abrazaba a sí mismo. Le estaba doliendo la barriga de tanto reír.
-Ja-ja-ja –dijo serio Step- Pues sí, no solo los bestias como tú pueden tener novia –remató cruzándose de brazos un poco molesto.
Marc empezó a recuperarse y al ver la cara seria de su amigo, supo que era verdad lo que decía y que lo decía en serio. Por primera vez vio a su amigo enamorado. Le sonrió contento.
-Vale, vale, tú ganas tío –dijo dándole unas palmaditas en la espalda a su amigo- Bueno, ¿y quién es la desafortunada? –dijo Marco volviéndose a reír. Step le miró con una cara asesina, pero al ver a su amigo riéndose de aquella manera no pudo evitar ponerse de buen humor. Nunca había visto aquella cara de su amigo.
-Imbécil –dijo Step sonriéndole, dándole un cariñoso puñetazo a Marc en el brazo. Entonces, miró hacia abajo, ruborizado- Es… Es Lora –contestó Step en un susurro. Cómo no escuchó ninguna respuesta de parte de su amigo, miró de reojo hacia arriba. Vio que estaba sonriendo, mirando algo o alguien delante de ellos.
-Me lo imaginaba. Estáis hechos el uno para el otro: atontados, locos, bobos… –dijo Marco riéndose amistosamente.
-¡Ja! –dijo Step riéndose mientras le daba un capón a Marco.
Entonces vio lo que antes estaba mirando Marc: eran Lora y Valen. Estaban jugando con los animales que siempre seguían a Valentina, alegres, contentas, divertidas…
Ellos se quedaron mirándolas risueños, medio atontados, sentados sobre el césped.
-Tenemos que cuidarlas, ¿vale tío? –dijo Marc.
-Por supuesto –dijo Step a la vez que levantaba una mano para saludar a las chicas, quiénes les gritaban alegres.
+.-o-.+
El aula de convivencia, era el sitio más temido de todos los estudiantes del Florence. Nadie quería estar entre las paredes de aquella sala, de la sala más terrorífica del instituto.
A nadie le gustaba aquella aula, porque su profesor no era más ni nada menos que Ruggero, la persona más temida de todo el instituto junto con el director, claro está.
Hoy solo había 4 personas en la clase. Gianluca, una tal Vittoria y unos chicos a los que Salvatore y Elisabetta no tenían el gusto de conocer. Salvatore iba a sentarse al lado de Elisabetta, en una de las mesas cercanas a Gianluca. Éste, al verlos decidió darles la lata un rato.
-Salvatore, ¿qué tal con tu novia? –dijo mirando a Elisabetta de arriba abajo, comiéndosela con la mirada.
Salvatore, al ver como Gianluca miraba de esa manera a Elisabetta con esos asquerosos ojos, se puso muy alerta. Iba a replicarle cuando Eli se le adelantó.
-Pues muy bien. A diferencia de ti, Salvatore tiene novia –dijo sin darse la vuelta- Y una cosa más: como sigas en ese plan, ninguna chica va a querer estar contigo -dicho esto, se sentó en su pupitre y sacó los apuntes.
Gianluca bufó molesto y volvió a sentarse detrás de la parejita, mirando a Eli con una sonrisita obscena.
Salvatore estaba muy impresionado. Se sentó lentamente al lado de Eli, mirándola aún con cara sorprendida.
Después de esto, el profesor tuvo que sacar del trance al flipado de Salvatore, que se había quedado ahí, clavado como un palo y con la boca abierta. Éste, al ver que estaba haciendo el ridículo, se recompuso, cerró la boca y se puso recto en su sitio.
Elisabetta estudiaba matemáticas mientras Salva pensaba en lo que acababa de oír. No se le ocurrió otra cosa que preguntarle a Eli:
-¿Entonces somos novios? –dijo bajito sin mirarla de frente. Estaba apoyado en sus manos, en una pose bastante interesante.
Eli dejó de escribir, estática, sin poder mover el bolígrafo. Sus pulsaciones iban aumentando a medida que su mente le repetía la misma frase que le había dicho Salva. Después se dio cuenta de lo que acababa de decir. ¡Qué tonta!
-Jejeje –rió nerviosa ella muy, muy roja, levantando la mirada sonriente.
-Jejeje –rió nervioso también. ¿Eso era un sí o un no?
Eli no sabía que decirle a su amigo, que la miraba expectante, como esperando algún tipo de respuesta.
-Salva… Esto… -dijo jugueteando con el boli con ambas manos- Nosotros solo somos…
-¡DI ANGELO! ¡SILENCIO! –gritó Ruggero, quién había separado la vista de su periódico y había pillado a Eli hablando.
-Sí –contestó esta, desviando su mirada de la de Salva y continuando con sus cosas.
No volvieron a hablar sobre el tema.
+.-o-.+
Pasaron los demás días de la semana, llenos de exámenes, trabajos, intentos fallidos de Salva a la hora de decirle a Elisabetta lo que sentía por ella y de otros intentos, otra vez, fallidos de Joe de quedarse a solas con Sora y poderle dar un beso en condiciones…
Ya era viernes, acababan de salir del instituto cuando Lora dijo:
-Chicos, ¡qué ya queda poquito para el viaje a Roma! –dijo jovial Lora, enganchada del brazo de Step.
-¿Poquito? Pero si todavía quedan casi dos meses –dijo Sora extrañada, aunque después, al escuchar las risas de sus amigos por el efusivo comentario de su amiga, ella se encogió de hombros– ¡Qué ganas tengo de ver la capilla Sixtina! –dijo con los ojos brillantes y un poco ruborizada de la emoción.
Joe, que no le quitaba un solo ojo de encima, sonrió, se acercó, le cogió por la barbilla y le dio un beso en la mejilla. Después salió a correr, dejando a una Momo muy descolocada.
Desde aquel día en que se dieron sus “primeros besos”, se habían declarado la guerra. Así que cuando él le diera un beso, ella tendría que atraparle para devolverle el beso. Esta era una de las muchas ocasiones que Joe le había retado a devolverle un beso: con esta ya eran 6.
Vio que Joe se daba la vuelta y comenzaba a correr de espaldas, haciéndoles carantoñas para chincharla. Momo sonrió malvada y empezó a correr detrás de Joe, mientras que le gritaba divertida que le iba atrapar, y Joe, corriendo y riéndose como un niño pequeño.
Todos los demás, durante toda aquella escenita, se habían quedado alucinados.
-¿Pero están saliendo? –dijo Step un poco confuso.
-No, al menos que yo sepa… -dijo Eli también confusa. La verdad es que durante aquella semana lo había estado pensando concienzudamente, porque aquellos dos estaban aún más juntos de lo que estaban antes.
-Oh… ¡Qué romántico! –dijo Lenna viendo también la escena.
-¡¿Pero qué hace tú aquí?! –dijo Eli asustada por la repentina aparición de su hermana.
-Pues lo mismo que tú: ¡ir a casa! –espetó Lenna haciendo que todos se empezaran a reír.
Vieron llegar a Joe y Momo que iban abrazados, él pasándole el brazo por los hombros y ella por la espalda. Iban hablando animadamente y bromeando y riéndose.
-“¡Si yo pudiera hacer lo mismo con Eli!” –pensó mirando a la feliz pareja.
Cuando llegaron junto con sus amigos, se separaron, aunque si hubiera sido por ellos, hubieran ido todo el camino de vuelta a casa de aquella manera.
-¿Qué? ¿Ya os habéis cansado de correr, parejita? –dijo Carl poniéndose en jarras. Momo le sacó la lengua un poco molesta, aunque después recuperó su perfecta sonrisa.
-¡Eh, eh, tíos! –dijo llamando la atención de todos- ¡Esta noche he soñado que el autobús sufría una avería en medio del campo! Supuestamente era una ruta más rápida para llegar a Roma… Seguro que inventada por Vittorio –dijo Step con un aire de misterio a su alrededor.
Todos le miraron con una ceja enarcada como diciendo, “Por favor, que alguien llame al psiquiátrico”. Entonces Step se puso a reírse como un loco. Menos mal que Marco lo sacó del trance, exactamente como él decía: a ostia limpia.
-Gracias amor –dijo Valentina dándole un beso a Marco- ¡Ya me estaba empezando a asustar! –dijo mientras que Marc le abrazaba.
-¡Joder, tío! ¡Qué dolor! –dijo Step apoyándose en Lora.
-Menos mal que eres buenísimo jugando al fútbol, porque si no, no sé que pudiera haber sido de ti, plano –dijo Marc divertido.
-¡Malo! ¡Cari! ¡Dile qué no se porte mal conmigo! –le dijo a Lora mientras que le abrazaba.
-Ya, ya, cari, ya está, tranquilo –dijo Lora mientras que lo consolaba y hacía gestos a los demás para que no le hicieran caso.
Cuando todo ya volvió a la “normalidad” (Step todavía seguía dando la lata sobre lo que había soñado la noche anterior), todos se disponían a despedirse.
-Bueno –dijo Salva mirando a la calle en la que solían desviarse del grupo– Nos vemos el lunes. ¡Ciao a tutti! –dijo mientras Lenna, Eli y él desaparecían por la calle.
-¡Qué valla bien en la reunión, capitana! –dijo Step mientras Lora le daba un beso en el cuello dulcemente.
-¡Gracias! –dijo Eli desde la boca de la calle. Iba a necesitar bastante suerte para que no pasara nada en aquella reunión.
+.-o-.+
-¡Ya estamos en casa! –gritó Hina desde la entrada.
-Buongiorno –dijo Junko abrazando a sus hijas.
-¿Qué tal el insti? –preguntó Taro desde la cocina.
-Muy bien –dijeron Hina y Momo al unísono desde la entrada. Momo la que más. Los tonteos con Joe hacían que se sintiera muy feliz y muy bien.
-Por cierto Sora… –dijo Taro un poco serio saliendo de la cocina limpiándose las manos con una bayeta. Seguro que hoy comerían genial: su padre podría dedicarse a cocinar y seguro, segurísimo que se haría famoso. Cada vez que cocinaba algunos de sus suculentos platos repetía dos o tres veces.
-¿Sí? –dijo alertada Momo.
-Ha llegado una cosa para ti –dijo un poco contrariado dirigiéndose al salón.
Se paró delante del sofá y de él, cogió un precioso ramo de rosas rojas. Entonces Taro le entregó a Momo, con cierto fastidio, el ramo que había llegado un par de horas antes en manos de un mensajero que no había visto antes: era un poco más bajito que el que venía siempre y llevaba una gorra que no le dejó verle la cara. Además, parecía de la misma edad de su hija mayor.
-Madre mía… -dijo Momo mirándolo boquiabierta, bajo la atenta mirada de sus padres y de su emocionada hermana.
Entonces se dio cuenta de que también había una carta. Ella la abrió con impaciencia y un poco de nerviosismo, a la vez que tenía abrazado el enorme y hermoso ramo de rosas, y empezó a leer lo que ponía:
Per la mia ragazza, la più bella del mondo:
Te amo tanto que de sólo al pronunciar tu nombre todo en mí cambia, todo se hace distinto, vivo cada día para darte lo mejor, lo mejor de mí mismo y que lo puedas sentir. Ya no quiero ir por ningún camino si no me lleva a ti.
Te amo, como dos palabras que forman una sonrisa en tus labios, como dos cielos llenos de colores reflejados en tus ojos, como dos palabras infinitas que no deben dejar de sentirse.
Amarte en realidad es un premio, desconozco si te merezco, al menos lucho por merecerte, pero es un premio, es un regalo que cualquier persona debería recibir, pero que sólo tengo yo.
No seré escritor, ni poeta, pero te escribo lo que siento, vivo para contar de este amor, vivo para decir, que por ti…
POR TI, YO MUERO.
Te ama,
Anónimo
Momo acabó de leer la carta y después se quedó mirando las rosas con una amplia sonrisa en sus labios, mientras que su madre, su padre y su hermana (sobre todo su hermana) la miraban con impaciencia. Deseaban saber de quién y qué ponía en aquella misteriosa carta que le había sacado de aquella manera los colores a Momo. El padre estaba que no sabía si llorar o reír… ¡Su pequeña estaba enamorada! Ya no sería el hombre nº1 en su vida, ya no le importaría pasar tiempo con él, ya no…Entonces, en aquel momento, sonó el teléfono, sacándolos a todos de sus pensamientos. Fue Momo quién lo cogió rápidamente.
-¡Ciao Momo! –dijo una voz femenina al otro lado de la línea.
-Ho… Hola Eli –dijo Momo todavía en estado de shock.
-Esto… que quería decirte si hay deb….Oye… ¿Te pasa algo? –dijo Eli que le había notado algo raro en la voz a su amiga.
-Es que no te lo vas a creer…–dijo Momo animada a media voz, todavía con el ramo en sus brazos.
-¿El qué? –dijo Elisabetta. Momo miró para ver si el resto de la familia se había quedado en el salón. Al comprobar que sí, empezó a hablar más alto.
-¡Me acaban de enviar un ramo de rosas con una carta de amor! –dijo Momo muy entusiasmada pegando pequeños saltitos.
-¡QUÉ BIEN! –dijo también muy entusiasmada Eli- ¿Y de quién es?
-No lo sé… Ponía anónimo… -dijo pensativa Momo mirando de nuevo el ramo de rosas sonriente.
-Que romántico… Seguro que ha sido Joe –dijo Eli alegre.
-¿Tú crees? –dijo Momo mordiéndose el labio inferior, comenzando a sonrojarse.
-Estoy segurísima –dijo Eli con convicción. La verdad, después de ver los cariñitos que se hacían y todos esos besitos, no quedaba otra hipótesis que valiera.
-Ojalá… -dijo Momo murmurando mientras metía cuidadosamente el sobre dentro del ramo- Bueno, ¿qué querías? –dijo Momo recordándole a su amiga el motivo de su llamada.
-¡Ah! Me preguntaba si podrías decirme si hay deberes de mates para el lunes.
-Por suerte, no –dijo Sora.
-Menos mal. Bueno, ciao Momo, nos vemos el lunes y que disfrutes del fin de semana –dijo Eli divertida. Momo cogió el doble sentido y se rió.
-Sayonara y gracias –dijo divertida Momo. Por supuesto, pasaría casi todo el fin de semana con Joe haciendo deberes y saliendo por ahí, pero no le diría nada sobre el ramo de rosas. Ya se lo daba todo con sus dulces besos- Por cierto que te vaya bien la ceremonia… y cuidado con Paolo –dijo un poco preocupada. Eli le había contado todo lo referente a Paolo y todo lo que había pasado últimamente.
-Si… Gracias –dijo Eli en un suspiro y acto seguido colgó el teléfono.
+.-o-.+
—Señorito Bianchi su padre me ha dicho que por favor empiece a prepararse para la ceremonia. Le avisaré cuando llegue el chofer –dijo el mayordomo de los Bianchi.
-Muy bien Fígaro, puedes retirarte –dijo Paolo haciendo un ademán para que se retirase.
-Bueno, bueno –dijo Paolo para sí– El pringado de Cardanni no le ha dicho nada, mejor… Así tengo el campo libre… Ciao, mi amada Elisabetta…
+.-o-.+
Alfonsino Rossi, esperaba a los invitados a la ceremonia con cierta ansiedad. Entonces, vio como entraba en el porche un coche muy familiar: un Maserati GranTurismo SMC Sport Line Blanco. Sabía muy bien de quién era ese tipo de coches. Nada más y nada menos que uno de sus mejores amigos: Francesco Di Angelo. Le seguía un Mercedes-Benz CLS, el coche de los Bianchi, y detrás de este, varias limusinas negras. El criado de los Rossi guió a todos los invitados al recibidor de entrada.
Alfonsino vivía en la región de Umbría, en el centro de Italia, concretamente en Perugia. Alfonsino lo tenía todo muy bien preparado: Un bufet libre en el salón, unos recreativos para jugar al póker y al billar en la sala de ocio y una salita para el Té. Para los niños, (no eran más de 10) un jardín inmenso de 3 hectáreas con una piscina olímpica y una casa de campo.
Elisabetta se había quedado mirando boquiabierta el jardín, ya que era precioso, lleno de fuentes, pavos reales, estatuas exóticas de mitología y un montón de plantas y flores silvestres. Mientras ella miraba anonadada aquel bello paraíso Paolo se acercó a ella disimuladamente.
-Ciao, Elisabetta –dijo Paolo cogiéndole la mano a Elisabetta y besándola delicadamente.
Elisabetta saludó a Paolo un tanto sorprendida por la acción tan formal del muchacho.
-Ciao anche a te –dijo Eli cordialmente.
Paolo iba a decirle si daban un paseo cuando apareció el criado de los Rossi.
-Señoritos Di Angelo y Bianchi, per favore, pasen al comedor familiar –dijo el criado de los Rossi cogiendo los abrigos de los muchachos y depositándolos en el perchero.
-¡Elisabetta! ¡La piú bella, cuánto tiempo! –dijo Alfonsino dándola un fuerte abrazo– ¡Pero qué grande y hermosa estás! Siéntate al lado de Francesco per favore.
-Encantada de volver a verte -dijo Eli sonriente sentándose al lado de su padre. Alfonsino era cómo su tío, tan alegre y contento como siempre.
Alfonsino puso orden en la sala y empezó a hablar:
-Bien, os he hecho venir a esta ceremonia para celebrar lo bien que va nuestra empresa de Ferrari y para recordar los buenos tiempos en los que nuestros antepasados levantaron esta empresa hasta nuestros días… Así que… ¡VIVA LA NOSTRA ITALIA! –vociferó Alfonsino alzando una copa de Chianti.
-¡VIVA! –vociferaron todos los invitados.
Una vez acabada la cena, los hombres se fueron a jugar al póker mientras que las mujeres se fueron a la salita a tomar Té mientras hablaban.
Los niños se fueron a jugar a la casa de campo y Eli se fue a dar un paseo por el jardín seguida por Paolo. Le había pedido si quería salir un rato a dar un paseo por el maravilloso jardín y ella, pensando en que no pasaría nada porque salieran un rato fuera, aceptó.
Paolo comenzó a hablar:
-Elisabetta… ¿Qué tal los partidos de fútbol? –dijo Paolo intentando empezar una conversación.
-Ah… ¡Muy bien! El otro día jugamos contra el instituto Galileo. Les ganamos 3-0 –dijo Elisabetta con cierta chulería. Eli llevaba unos pantalones de tela beige pitillos, con una blusa blanca y una fina chaqueta a juego con el pantalón. Sus pies estaban cubiertos por unos tacones de charol marrones. Se veía realmente hermosa.
-Molto Bene. Sabía que no me defraudarías. Por cierto, ¿qué tal están tus amigos? –dijo Paolo con una sombra a su alrededor.
-Están muy bien, gracias por preguntar –dijo Eli sin mirarle a los ojos.
-¡Eh! Mira un banco. ¿Nos sentamos? –dijo Paolo recobrando el ánimo anterior.
-Vale –dijo Elisabetta un poco contrariada.
Se sentaron bajo un árbol y al lado de un riachuelo que sonaba de una manera que con solo oírlo, adormecía. Aquella noche la luna estaba preciosa, una gran luna llena que se reflejaba en el río y que iluminaban los ojos de Elisabetta. Paolo se había dado cuenta y no paraba de mirarla.
-Elisabetta… ¿Sabes qué estas hermosa? –dijo Paolo acariciando dulcemente la cara de la chica.
-Paolo… yo no… -dijo removiéndose nerviosa.
-¡Chist! No digas nada…
Paolo cogió a Elisabetta dulcemente y la acercó delicadamente hacia él. Después se aproximó a sus labios y le dijo:
-Quisiera ser lágrima para nacer en tus ojos, vivir en tus mejillas y morir en tus labios…
Acto seguido la besó dulce y apasionadamente en los labios, deseando que aquel momento no acabase nunca.
Elisabetta se sorprendió a sí misma por devolverle los besos y dejarse besar por Paolo. El chico por su parte no paraba de besarla: en los labios, en la mejilla, en el cuello… Ella disfrutaba de cada beso que él le daba, pero en un momento de aquellos dulces besos, se acordó de unos ojos azules claros muy conocidos para ella, y enseguida apartó de sus labios los del muchacho.
-¿Qué pasa amor mío? –preguntó Paolo confuso pero todavía con deseo en la mirada.
-Paolo, por favor para… -dijo Elisabetta llorando. No sólo había hecho romper la promesa de que no iba a pasar nada con Paolo, sino que además, ¡se deja besar por él!
-Pero, ¿por qué lloras? –dijo el chico alarmado. No quería hacerle daño, sólo que supiera cuánto la quería.
-Lo siento Paolo pero es que siento que no estoy haciendo lo correcto –dijo Elisabetta a media voz. Estaba confundida… Bastante confundida.
-Es por Cardanni… ¿no? –dijo Paolo un poco malhumorado. Eli levantó sorprendida la vista.
-¿Qué tiene que ver Salvatore con todo esto? –dijo Elisabetta, creyendo que Paolo podía leer la mente.
-¿Todavía no te lo ha dicho? –dijo Paolo fastidiado.
-¿Decirme el qué? –preguntó Elisabetta de repente curiosa por el cambio que había sufrido la conversación.
-Nada… -dijo Paolo cerrando los ojos y respirando profundamente – Creo que deberíamos irnos –añadió levantándose. No se le podía hacer nada: si Eli seguía pensando en el idiota de Salvatore no había nada que hacer.
-Sí, vámonos –dijo Elisabetta todavía intrigada por aquella pregunta.
+.-o-.+
-¡Repóker de Ases! –vociferó Francesco.
-Mierda, tenía escalera de color –dijo un hombre vestido de negro.
-¡Jo! Yo tenía full –dijo Alfonsino tirando cansino sus cartas a la mesa.
-¡Io ho bestiame! ¡Grazie mille! –dijo Francesco cogiendo las apuestas.
-Francesco, Francesco… Molto bene –dijo el señor Bianchi.
-Bueno, ¿apetece otra partida? –dijo Francesco sonriendo triunfante repartiendo de nuevo la baraja de cartas cartas.
+.-o-.+
-Paolo, lo siento pero… -empezó Elisabetta – Yo no te amo como tú me amas a mí –dijo mientras caminaban de regreso.
-Io lo so. Pero Elisabetta… Quiero que sepas que si cambias de idea yo siempre estaré ahí… Esperándote… Porque yo siempre te amaré –dijo Paolo acercándose a Eli y cogiendo sus suaves manos.
-Paolo… -dijo Eli mirándolo a los ojos.
-Por lo menos… Déjame darte un último beso, por favor… -dijo sonriendo amargamente.
-Está bien… -dijo Eli mientras se fundía en un tierno beso. Por lo menos, estaba feliz de que su amor platónico de la infancia al fin le amara. Pero era una pena que ella ya no sintiera lo mismo que antes.
+.-o-.+
-Bueno niñas, ya son las 03.00. Vamos, subid al coche –dijo Francesco mirando a sus hijas y a su esposa– Yo voy enseguida.
-Vale… -dijo Lenna con un gran bostezo.
Francesco fue hasta las escaleras de la mansión, despidiéndose de Alfonsino y dándole las gracias por aquella fabulosa velada.
-Mamá –dijo Lenna desde uno de los asientos traseros del coche.
-¿Sí? –dijo Rosetta un poco cansada, mirando a su hija por el espejo retrovisor.
-Nos lo hemos pasado muy bien, hemos jugado al escondite, al pilla-pilla, a las cartas, a polis y cacos… -dijo mientras se le iban cerrando los ojos del sueño.
-¿Y tu Eli? ¿Has jugado también? –preguntó Rosetta.
-Eli… ¿Dónde estabas, Eli? –preguntó Lenna despertándose de repente.
-Yo… Estaba con Paolo… -dijo mirando por la ventana del coche cómo su padre ya se encaminaba hacia ellas.
-Ah… ¿Está muy guapo verdad Eli? –preguntó Rosetta con una sonrisa pícara.
-Sí… -dijo Elisabetta pensando en aquel beso que acababan de compartir, en el ramo de rosas que había recibido Momo y en Salvatore, sin saber por qué Paolo lo había mencionado antes. Poco a poco, fue cerrando los ojos hasta que cayó en un profundo y largo sueño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario