sábado, 23 de marzo de 2013

"3 países, 9 vidas" <> CAPÍTULO 15


Salvatore caminaba precavido por las solitarias y oscuras calles de Florencia. Intentaba orientarse lo mejor que podía debido al contrario efecto del poco alcohol que había bebido. Por eso mismo, no sentía que las dos hermanas pequeñas de Momo y Eli le estaban siguiendo. A cada poco, se paraban para mantener las distancias pero lo único que ocasionaron fue la pérdida de vista de éste.

 Por otro lado, Salva sentía que no se avecinaba nada bueno. Aquella amenaza a Eli hacía que siguiera hacia delante; haría lo que fuera por mantenerla a salvo, aunque eso significara que le pasara algo malo a él. Aunque la adrenalina por el miedo y pánico que sentía inundaba todo su cuerpo, siguió adelante con el valor que le caracterizaba.

+.-o-.+


Michaelo había salido a dar un paseo para despejar un poco su mente. Aquellos días habían ocurrido bastantes cosas y todo había cambiado. Todavía el grupo de amigos de Momo no le habían incluido completamente, pero se sentía mejor que antes. Raffaelo y Gianluca lo habían dejado “temporalmente” de lado porque no comprendían que estaba haciendo con ellos… La verdad es que le dolía un poco que le hicieran eso, porque ellos habían sido sus amigos desde siempre y ahora no obtenía ni aceptación ni consideración por parte de ellos. Pero ahora mismo no le importaba pensar sobre ello, porque se sentía bien consigo mismo. Y eso era lo que realmente importaba, ¿no?

 Llegó a una de las bocacalles de la calle principal y entró en un callejón para dar media vuelta. Pero nada más entrar allí se encontró con un montón de personas enchaquetadas. Retrocedió y se escondió tras la pared; se dispuso a observar y a escuchar…

 Observó, sorprendido, que Gianluca y Raffaelo estaban en medio de todos aquellos hombres corpulentos, pero no parecían hostigados ni maltratado por ellos, sino que parecían que estaban dándoles órdenes a todos ellos. Michaelo frunció el ceño. Nada bueno debía de estar tramando.

 -Ya sabéis, en el río en 10 minutos… No lleguéis tarde –avisó serio Gianluca abriéndose paso entre sus “subordinados”. En cuanto salió del círculo acompañado de Raffaelo, los enchaquetados comenzaron a moverse y a desaparecer poco a poco pero rápidamente.

 El pelinegro inmediatamente se dio cuenta de que Gianluca estaba tratando de nuevo con la mafia… y pretendían hacer algo en el río dentro de 10 minutos. Tuvo el mal presentimiento de que todo aquello tenía que ver con su nuevo grupo de amigos.

 Cogió su móvil y marcó el móvil de Joe. No quería preocupar a Momo por eso decidió llamar al novio de ésta para poder decírselo sin muchos rodeos, directamente. Además, habían llegado a un punto en el que ambos se aguantaban el uno al otro dentro de lo que los celos les permitían, e incluso se estaban empezando a llevar bien de un modo u otro. Por eso en cuanto Joe le cogió el móvil saludándole con un burlón <<¿Qué pasa, tienes envidia de que estemos de fiesta y tú no?>>, sonrió, contento de poder chafarle aunque fuera sólo un poco la noche con su preocupante descubrimiento.

+.-o-.+

 -¿Qué? –preguntó preocupado Joe.

 Aunque cada uno estaba a lo suyo, escucharon el tono con que Joe hizo la pregunta y se quedaron callados, atentos a lo que estaba hablando por teléfono.

 -Está bien… ¿Salva? ¿Alguien ha visto a Salva? –preguntó despegándose el móvil de la oreja y mirando a sus amigos.

 Todos comenzaron a mirar por todos lados pero Salva no contestaba.

 -Yo… Lo dejé fuera hace un buen rato pero no lo he vuelto a ver –dijo Eli pensando que tal vez le hubiera pasado algo al chico. Estaba entrando en algo parecido al miedo.

 -Mierda… -masculló Joe, sabiendo lo que eso podría significar- En cinco minutos estoy contigo –y colgó.

 -¿Quién era? –preguntó con el ceño fruncido Momo. Se acercó a Joe y le puso una mano sobre su espalda, intentando tranquilizarle.

 -Michaelo –dijo dándose la vuelta y encarando de nuevo al grupo- Se acaba de cruzar con Gianluca y Raffaelo. Por lo visto están teniendo trato con la mafia y ha escuchado que han quedado en el río ahora… Cree que todo esto tiene que ver con Salva, por obvias razones –ahí todos miraron a Eli, quien estaba cabizbaja dándose cuenta de lo que todo podría significar- Y yo creo lo mismo –finalizó Joe serio. Todo el mundo se quedó callado, asimilando todo lo que acababan de escuchar.

 -¿Y a qué esperamos? Aunque todavía no estemos seguros de confiar en Michaelo, creo que todo lo que tenga que ver con la mafia es muy peligroso y no es nada de lo que se pueda mentir –aseguró Marc levantándose y mirando decidido a todos los demás.

 Se miraron entre sí y con gesto decidido, salieron de la caseta a toda prisa. Pero todavía había algo que no cuadraba…

 -¿Y las niñas? –preguntó sobresaltada Momo.

Todos se quedaron plantificados en el sitio, sin saber qué hacer. Momo y Eli, las dos hermanas mayores, se miraron aun más preocupadas que antes.

 -Oh, no –susurró aterrorizada Eli.

 Con esto se dieron muchísima más prisa en llegar a donde estaba Michaelo. Si Salva estaba involucrado, sus hermanas también podrían estarlo ya que habían desaparecido y suponían que habían seguido al chico. Tenían que llegar lo más pronto posible antes de que fuera tarde.

+.-o-.+

 Salva estuvo andando durante largo rato hasta que se metió en el metro y no salió hasta después de tres paradas. Quería alargar todo lo posible su llegada pero al mismo tiempo quería que se acabara lo que se tuviera que pasar rápidamente y solucionar este problema.

 Cuando estuvo a dos manzanas del río, se detuvo y comenzó a tranquilizar los latidos frenéticos de su corazón. <<Hazlo por Eli>>, se repetía mentalmente una y otra vez. Hasta que un coraje y una voluntad que nunca había sentido se hicieron presentes en él y se dispuso muy seguro de sí mismo a llegar lo antes posible al punto de encuentro.

 Llegó a las escaleras que bajaban al paseo junto al río y al principio no vio a nadie, pero a medida que bajaba los escalones se fueron haciendo visibles varias siluetas en la oscuridad.

 Justo allí, iluminado por la claridad que la luna irradiaba, se encontraba su peor enemigo y rival: Gianluca Zandari. Y no estaba solo.

 El rubio sonrió de una manera repugnante ante la impávida mirada de Salvatore, que comenzaba a darse cuenta de lo que todo esto significaba. Sin embargo, no tenía miedo. Ya no.

 -Sabía que vendrías, Cardanni –habló intrépidamente Gianluca. Los hombres enchaquetados que estaban a su espalda sonrieron del mismo modo.

 -¿Qué quieres Gianluca? –preguntó Salva con tono controlado. Apretaba los puños y la mandíbula.

 -¡Ja! ¿No es obvio? –preguntó haciendo un gesto despreocupado. Luego le volvió a mirar con ojos iracundos y amenazantes- A tu querida Elisabetta y, por supuesto, mi venganza –finalizó con voz espectral.

 -Puedes tener tu venganza, estoy aquí después de todo –dijo Salva extendiendo sus brazos a ambos lados de su cuerpo- Pero no voy a permitir que te acerques a Elisabetta, aunque sea lo último que haga –sentenció fríamente Salvatore.

 -Tú mismo –chasqueó los dedos y dos de los corpulentos hombres a su espalda se posicionaron a ambos lados: Al Capone y Tony, unos de los mafiosos más temidos de toda Italia. Se fijó en que Raffaelo se encontraba entre ellos- Puedo hacer que cambies de opinión.

 -Eres un cobarde, maldito… -se aventuró a decir Salva entre dientes- ¡Eres un cobarde por ocultarte detrás de tus esbirros! ¡No vales nada! –gritó iracundo y desafiante.

 Sabía que con aquellas palabras había firmado su sentencia de muerte, pero no huiría y pelearía hasta el final por su honor y por su amada Eli.

 -Prepárate para tu final –respondió furioso al insulto de Salva- Te arrepentirás de lo que acabas de decir y de lo mucho que me has humillado antes… ¡Comenzad! –ordenó alzando la voz.

Inmediatamente, todos aquellos hombres se acercaron a él rápidamente, pero Salva, al ser más rápidos que ellos (por los entrenamientos de fútbol) los sorteó a todos y llegando a Gianluca le pegó un puñetazo en la cara. Ambos cayeron al suelo, dándose un buen golpe.

-No sabes cuantas ganas tenía de volver a hacer esto… cobarde -susurró enfadado Salva con el puño ensangrentado.

-¡Hijo de puta! –chilló Gianluca con el rostro ensangrentado, empujándole hacia sus esbirros- ¡Vamos! ¡Haced lo que queráis con él! ¡Haced que sufra! –gritó levantándose y alejándose de Salva que se volvía a acercar a él con intención de pegarle otro buen puño para que se callase de una vez.

Pero esta vez, los hombres de Gianluca lo cogieron por la espalda y no le dejaron escapar. Salva se defendía lo que mejor podía de todos esos potentes puñetazos y dolorosas patadas. Él no fue el único perjudicado por la situación: muchos mafiosos salieron muy mal parados después de vérselas con los furiosos ataques de Salva. Pero aun sabiendo de lo que era capaz, él solo era uno contra no sabía cuántos.

-¡Tsk! –gruñó molesto Raffaelo acercándose a Gianluca, quien se estaba limpiando la sangre- Ese capullo se está resistiendo más de lo que esperaba –comentó con el ceño fruncido a los muchos mafiosos que ya se habían retirado por los duros golpes que habían recibido de Salva.

-Y dejará de hacerlo –dijo simplemente Gianluca, sin ningún sentimiento en el rostro- Creo que ya me toca a mí –dijo acercándose a la pelea.

Chasqueó los dedos y todos pararon y se alejaron de Salva. El chico seguía en pie, pero se encontraba muy herido y estaba sangrando mucho. Sin embargo, la misma mirada de valor, seguridad y desafío con la que antes le había mirado, seguía allí, inamovible. Eso hizo que Gianluca se enfureciera mucho más y fuera perdiendo el control a medida que se iba acercando a él.

-Por lo visto, no tienes intención de rendirte… -espetó con tono contradictorio Gianluca, cogiéndolo del cuello de la camiseta.

-Nunca –respondió decidido. Acto seguido, le escupió en la cara, claro gesto de repulsión hacia su persona. Sonrió, desafiante y amenazador.

Gianluca apretó los dientes, y con sus rojos ojos apunto de salírseles de la órbita, pegó un grito de frustración y enojo y le pegó un rodillazo en el estómago, haciendo que Salva callera al suelo sin aliento. Con la sonrisa de un verdadero psicópata, se dispuso a asestarle un nuevo golpe, esta vez en la cara. Cardanni, no sabía en donde se había metido…

+.-o-.+

Dos chicos de entre 13 y 14 años, caminaban por las solitarias calles a la alta hora de las 4 de la mañana. Parecía que venían de alguna fiesta de electrónica que tanto se estaban poniendo de moda últimamente. El chico rubio de ojos verdes era el que hablaba más animadamente, mientras que el otro, moreno de ojos oscuros y con gafas, escuchaba no tan atentamente como al otro le gustaría.

-¡Vamos, Philip! No me digas que aquel chico que estaba jugando a la XBOX no era realmente guapo, y además, vestía muy pero que muy bien –hablaba entusiasmado el rubio.

-Mira, Fabio, que tú seas gay no significa que yo, tu amigo heterosexual, me fije en otros chicos, ¿entendido? –replicaba con tono cansino el pelinegro.

-¡Puf! ¡Qué aguafiestas! ¡Encima que te he hecho el favor de acompañarte! –gritó haciéndose el ofendido y cruzándose de brazos.

-¡Yo no te pedí que vinieras! ¡Eres tú el que siempre se apunta para buscar chicos! –respondió Philip con tono reprobatorio.

Antes de que Fabio pudiera decir algo, escucharon un fuerte grito. Ambos se quedaron estáticos, sin mover ni un pelo.

-¿Qué ha sido eso? –preguntó temeroso Fabio acercándose asustado a Philip.

-No lo sé, pero venía del río –contestó con el ceño fruncido.

Aquel grito no sonaba como alguien pidiendo ayuda sino todo lo contrario: estaba lleno de ira y furia. ¿Y si alguien estaba en apuros? ¿Tenían que ir a ver qué pasaba y llamar a la policía? No lo sabían, pero tenían que hacer algo.

-Vamos –dijo de repente Philip con gesto serio.

-¿En serio? –preguntó no muy convencido Fabio, aunque también tenía la necesidad de saber lo que pasaba y hacer algo al respecto.

Philip le sonrió seguro y eso hizo que Fabio recordara los viejos tiempo en donde él y el pelinegro jugaban a los detectives y resolvían casos de asesinatos y robos. Ahora, 7 años después, lo estaban haciendo de verdad. Se armó de coraje y, junto a Philip, corrieron hacia el río.

+.-o-.+

-¡Ugh! –gruñó dolorido Salva. Había recibido un pequeño aunque profundo corte en la mejilla.

Gianluca, quien en un momento de la pelea había sacado una navaja, se había dedicado a hostigarle a diestro y siniestro con ella. Pero él, ágil pero cansado, había podido defenderse de cada una de las estocadas. Excepto de la última.

-Vamos a ver si has aprendido… -dijo Gianluca con voz más calmada por el cansancio pero con la misma mirada de loco- Vas a dejar a Elisabetta… ¿o prefieres…? –comenzó a preguntarle con una sonrisa sádica en su rostro.

-¡Prefiero morir antes de renunciar a ella, si es eso a lo que te refieres! –interrumpió Salva tambaleándose pero con la determinación justa para decir aquellas palabras- ¡Nunca! ¿Me oyes? ¡Nunca dejaré de luchar! –gritó seguro de sí mismo.

-Tsk… -chasqueó con desagrado la lengua- No he visto en mi vida a un idiota tan enamorado como tú, Cardanni –comenzó a decir en tono bajo acercándose. Hizo un movimiento con la mano libre y al instante, Raffaelo estaba reteniendo por la espalda a Salva- Pero es una pena que nos guste la misma chica, porque yo siempre obtengo lo que quiero –dijo justo a la cara de Salva en tono imperativo y amenazante, justo como haría un loco que haría lo que fuera para obtener beneficio y satisfacción. Y ese beneficio y satisfacción era el dolor, la tortura y probablemente, la muerte de Salva.

Salva vio cómo, poco a poco, Gianluca levantaba la navaja y la llevaba al corte que le había hecho minutos atrás. Tenía claras intenciones de volverle a clavar el pequeño cuchillo allí, para torturarle de dolor. Salva no podía resistirse: su cuerpo estaba totalmente resentido de todos los golpes recibidos y, aparte de eso, había perdido mucha sangre. Pero no iba a gritar, no lo haría. Conservaría su dignidad y le demostraría otra vez a Gianluca que su determinación era más fuerte que la suya…

-¡No! –gritó una voz peculiarmente conocida.
-¡Dejadle en paz! –gritó otra voz igualmente conocida.

Salva giró la cabeza y antes de ver quiénes eran, una pequeña silueta le pegó una patada en el aire a Gianluca mientras que la otra empujaba violentamente a Raffaelo dejando a Salva libre de nuevo.

-¡Oh, Salva! ¡Estás muy herido! –chilló asustada Lenna, quien había empujado a Raffaelo.

-¡Niñato! ¡No sé quién eres, pero como vuelvas a ponerle una mano encima a Salva te ganarás otra patada! ¡Ya verás quien es la ganadora de kárate más fuerte de la categoría juvenil! –gritó enfadada Hina, quien se disponía a pegarle otra patada al rubio.

-Pero qué demonios… -masculló molesto y sorprendido Gianluca desde el suelo- ¡Llevároslas de aquí! ¡Quitadlas del medio! –gritó levantándose.

Justo cuando iba a ser de nuevo atacado por Hina uno de los hombres de Gianluca la cogió y le alejó de él en volandas, mientras que ella se quejaba y gritaba que la dejase suelta. Salva intentó proteger a Lenna ya que estaba más cerca de él, pero las fuerzas le fallaron y no pudo hacer nada.

-¡No! ¡No les hagas nada! ¡Ellas no tienen nada que ver en esto! ¡Deja que se marchen! –gritaba desesperado, de nuevo en manos de Raffaelo.

Gianluca, al ver el cambio tan brusco en la determinación de Salva, decidió ver de quiénes se trataban para poder jugar un poco más con él. Se acercó a las dos chicas que habían sido atadas a unos árboles cercanos a ellos y las observó con detenimiento.

-Ah… Con que las lindas hermanitas de Elisabetta y la japonesita –dijo mientras les levantaba el rostro a ambas- ¿No os han enseñado a no meteros en los asuntos de los mayores? –preguntó con una sonrisa malévola.

-¿Y a ti a no pegar a otras personas? –preguntó a modo de respuesta la mordaz Hina- Aunque por lo visto, tampoco te han enseñado a no jugar con cuchillos –añadió con ojos desafiantes.

-Vaya, vaya… Sí que tienes agallas, niña –dijo mirándola de una forma amenazadora. Después se fijó en Lenna- Y tú te pareces mucho a la hermosa Elisabetta, después de todo sois hermanas, ¿no? –dijo acercando su rostro a ella. La chica estaba bastante asustada y cerraba los ojos con fuerza.

-¡Eh, no la toques! –se revolvió Hina para intentar desatarse y proteger a Lenna. Era como si fuera su hermana pequeña (aunque sólo se llevasen un año) y no dejaría que ese psicópata la tocase.

En ese momento, Salva le dio un golpe a Raffaelo, liberándose y pudiendo correr para socorrer a Lenna. Pero Gianluca hizo un movimiento inesperado que heló la sangre a todos: puso el filo de la navaja en el cuello de la pequeña. Hina dejó de gritar y Salva se paró en seco.

-Si das un paso más, la mato –dijo tan seriamente que todos creyeron que lo haría sin dudarlo un segundo.

Lenna, con los ojos aun cerrados, comenzó a sollozar bajito y a temblar levemente. Salva no sabía qué hacer. Si algo le pasaba a Lenna, Eli no se lo perdonaría nunca y él mismo tampoco. Tenía que pensar algo rápido…

+.-o-.+

-El ruido viene de allí –señaló Philip bajando por la escalera.

Fabio y él miraron atentamente en la oscuridad para ver lo que ocurría. Abrieron como platos los ojos al ver que un tipo tenía un cuchillo en el cuello de una chica y que un poco más adelante se encontraba un chico completamente herido, rodeado por un montón de hombres enchaquetados.

-No puede ser… Es la mafia –se aventuró a decir Fabio.

-Pero tenemos que hacer algo –dijo Philip decidido aunque asustado.

-¿Tienes móvil? –preguntó Fabio. El pelinegro negó con la cabeza- El mío no tiene batería… -dijo descartando la posibilidad de llamar inmediatamente a la policía.

-Tenemos que atacar por sorpresa –decidió de repente Philip.

-¿Qué? –preguntó sorprendido Fabio.

Pero no obtuvo respuesta sino que Philip le guió entre los pocos árboles que había y cuando estaban justo al lado de ellos, se paró.

-¿Pero qué haces? –preguntó en susurro Fabio, muy asustado.

-¿Preparado? –preguntó sin hacerle caso al rubio. Sonrió de lado y cogiéndole del brazo, salieron de detrás de un árbol, justo al lado de Hina.

-¡No! –gritó sin querer Fabio. Todo el mundo se le quedó mirando.

-¿Y vosotros quiénes sois? –preguntó extrañada Hina.

-Somos Philip y Fabio, y venimos a rescataros –dijo Fabio poniendo pose de importante.

-¡Idiota! ¡No digas tu nombre! ¿No ves que es peligroso, cabeza hueca? –reprendió por lo bajo Philip dándole un coscorrón.

-¡Lo siento! –dijo del mismo modo el rubio sobándose la cabeza.

Aun el momento crítico por el que todos estaban pasando, todos los presentes allí pusieron los ojos en blanco ante la cómica escena que se estaba desarrollando delante de ellos.

Gianluca suspiró con cansancio y molestia, y finalmente se levantó, dejando libre a Lenna.

-Atadles a ellos también –ordenó con un movimiento despreocupado de manos.

Rápidamente, dos de los hombres enchaquetados se les echaron encima y no pudieron resistirse por mucho tiempo. Al final, quedaron atados cada uno a un lado de Hina y Lenna.

-Gracias por ayudarnos, héroes –dijo Hina con claro sarcasmo en su voz.

-¡Oye! ¡Que por lo menos hemos conseguido salvar a tu amiguita! –aclaró Fabio mirando molesto a Hina.

Lenna seguía medio llorando y seguía muy asustada. Philip, quien había acabado a su lado, la miró preocupado.

-Hey, ¿estás bien? –preguntó amablemente. Lenna levantó la mirada y se encontró con unos bonitos ojos oscuros detrás de unas gafas de pasta que se llevaban ahora- Siento que no hayamos podido solucionar esto de otro modo, pero por lo menos tú estás bien –dijo sonriente, lo que hizo que Lenna desviase la mirada sonrojada.

-M-Muchas gracias –murmulló tímida, mirándole de reojo. El chico se sonrojó y sonrió tímidamente.

Los hombres de Gianluca habían hecho una barrera que ocultase de la vista de Salva a los rehenes. También para que el rubio pudiese hacerse cargo de él sin interrupciones.

-Elisabetta nunca te perdonará por haber amenazado de ese modo a su hermana pequeña –dijo furioso Salva.

-No. Ella no me tendrá que perdonar porque no se enterará de nada –inquirió Gianluca mientras lo tiraba al suelo y le pisaba la cabeza- Ya te lo he dicho, Cardanni, este es tu fin –finalizó haciendo más fuerte su pisada.

+.-o-.+

Mientras, Eli, Joe y los demás, corrían a toda prisa por las calles desiertas de Florencia. El metro había cerrado hacía poco, así que tuvieron que correr lo más rápido que podían. Eso hizo que se retrasaran mucho y aumentara la preocupación.

Joe pensaba en llegar lo más pronto posible para ayudar a su mejor amigo. Esperaba que no fuera demasiado tarde porque si no se lo iba a estar echando en cara toda la vida. Tenía que hacer algo por él, lo que fuera.

Eli, sentía que no podía más, que se iba a poner a llorar en cualquier momento. Se suponía que aquella noche iba a poner en claro sus sentimientos hacia Salva; todo iba a ser genial. Pero, como siempre, había sucedido algo para que eso no pasara. Y esta vez, la cosa era muy grave. Ojalá que Salva estuviera bien y que, por favor, estuviera vivo. Si no, su vida no valdría la pena.

Y Momo estaba aguantando las lágrimas como podía. Recordaba la bronca que les había echado a las dos hermanas y pensaba que quizás, si no las hubiese reprendido así de duro, no hubieran hecho la locura de seguir a Salva. Porque si pensar que Salva podría estar muerto era inimaginable, pensar que también lo estaban ellas era insoportable.

Todos estos y muchos más pensamientos, sentimientos y emociones desesperados recorrían las cabezas del grupo de amigos mientras llegaban al río.

+.-o-.+

-Qué pena que estén pegando una paliza a un chico tan guapo –suspiró con pena Fabio.

-¿Eres gay? –preguntó curiosa Hina.

-Sí, supongo –respondió un poco avergonzado.

-Vaya, lo tuve que suponer antes… ¡Un chico tan guapo tenía que ser gay! –exclamó sarcásticamente poniendo los ojos en blanco.

Fabio se sonrojó al escuchar que le había llamado guapo. Muchas chicas ya se lo habían dicho pero no en la forma tan directa y clara como lo había hecho ella.

-¿Gracias? –preguntó divertido, sin saber si lo que le había dicho era una halago. Hina le miró sonriente- Tú también eres muy linda… Nunca he visto a una japonesa tan guapa, porque eres japonesa, ¿verdad? –dijo de regreso con una sonrisa que le dejó ver sus blancos dientes.

-Sí… -dijo sonrojada Hina. Era amiga de muchos chicos y alguno que otro le hacía insinuaciones, pero aquello era muy distinto- Me llamo Hina. Encantada de conocerte, ¿Fabio? –preguntó para saber si aquel era su nombre.

-Exacto, e igualmente Hina –dijo amablemente. Ambos se sonrieron.

De pronto se escuchó un grito agudo que venía de Salva. Lenna exhaló una exclamación e Hina frunció el ceño.

-¡Eh! ¡Te vas a enterar cuando mi cuñado venga y te pegue una patada en los cojones! ¡Vas a ver las estrellas! ¡¿Me escuchas?! ¡Las estrellas! –gritaba frenética Hina.

-¿Tu cuñado? –preguntó Fabio medio conteniendo la risa por el vocabulario de Hina. Nunca había visto a una chica gritarle así a un grupo de mafiosos, sin miedo y sin pelos en la lengua.

-Sí, el perfecto novio de mi hermana mayor. Es portugués y es el campeón mundial de tae kwondo de su categoría… ¡Campeón mundial de tae kwondo! –gritó para que lo escucharan, intentando intimidarlos- Bueno, en fin, si tenemos la suerte de que ya estén de camino, podrás conocerlos. Dicen que mi hermana es más guapa que yo, así que creo que vas a tener que ir retirando eso de que soy la japonesa más guapa que has conocido –dijo con tono burlón.

-Aunque así fuera, seguiría diciendo lo mismo. Te he conocido a ti primero y las primeras impresiones son las que realmente importan –dijo guiñándole un ojo. Hina se puso como un tomate- Pero sí que me gustaría conocer a tu cuñado… -dijo mirándola de reojo. Hina rió.

-¡Oh, no me lo puedo creer! ¡Esas son las Vans de la nueva colección! –exclamó emocionado el rubio mirando a los pies de la chica.

-¡Y esa es una de las famosísimas sudaderas de edición limitada de GAP! –exclamó a su vez la chica.

-¡Por Dios! ¡Es tan…! –comenzó a decir Fabio.

-¡No es posible! ¡Es tan…! –comenzó a decir a la vez Hina.

-¡Hipster! –terminaron de decir ambos al unísono.

Se quedaron mirando unos segundos y después explotaron a carcajadas. Los mafiosos que estaban haciendo la barrera se dieron media vuelta para mirarlos molestos con una ceja levantada. Lenna y Philip sólo suspiraron de cansancio. Se miraron y encogieron los hombros: parecía que sus dos mejores amigos habían encontrado a su alma gemela.

-¿A qué instituto vais? –preguntó Lenna a Philip, ya que los otros seguían a lo suyo.

-Vamos al Da Vinci –respondió el chico.

-¿Entonces conocéis a Paolo y Paola? –preguntó Lenna con una sonrisa.

-Sí, bueno, Paola viene a nuestra clase y Paolo… Fabio estuvo detrás de él un tiempo, así que… -explicó un tanto avergonzado.

-Bueno, es que Paolo es un chico muy guapo, no me extraña para nada –respondió comprensiva- Por cierto, me llamo Lenna –se presentó risueña.

-Bonito nombre; yo soy Philip. Me hubiera gustado que nos hubiéramos conocido en una mejor situación pero es lo que hay –respondió amablemente el de las gafas.

 -Lo mismo digo –volviendo a poner semblante preocupado.

 Todos se callaron al instante cuando escucharon un disparo.

+.-o-.+

  Salvatore se encontraba en el suelo, tosiendo. Los últimos golpes que había intercambiado con Gianluca le habían quedado sin fuerza ninguna. Ya no podía más. Vio de reojo que Gianluca se acercaba a él.

 -Estás cansado, ¿eh, Cardanni? ¿Dónde ha quedado tu fuerza? ¿Por fin vas dejarme vía libre? –preguntó dándole un pequeño empujón para que cayera completamente al suelo.

 -Puede que esté sin fuerzas pero no me rendiré jamás –dijo entrecortadamente, con ojos aun desafiantes.

 -Pues bien por ti, pero esto ya se acabó. Me he cansado de jugar contigo –dijo con tono maquiavélico. De repente, sacó una pistola.

 -Gianluca… No eres capaz… -dijo Salva en un susurro.

 -Mira y ve si soy capaz o no –dijo levantando la pistola y apuntando hacia él- Adiós, Cardanni. ¡Hasta nunca!

 Y apretó el gatillo.

+.-o-.+

 Todos habían llegado al río cuando sonó el disparo. Miraron hacia donde provenía y vieron dos siluetas: una de pie y otra tendida en el suelo.

 -¡No! –gritó con desesperación Eli.

 Joe bajó lo más rápido que pudo las escaleras y corrió en dirección a las dos personas.

 -¡Joe! –gritó Momo, preocupada porque le pegaran un disparo también a él.

 -¡Vamos, yo llamaré a la policía! ¡Qué algunos de vosotros llame a vuestros padres! –gritó Michaelo sacando inmediatamente el móvil. Lora fue la que llamó a los padres.

 Marc y Step siguieron a Joe, seguidos de Eli. Momo, al ver que Joe estaba acompañado fue al grupo de mafiosos que estaban guardando a sus hermanas. Los cogió por sorpresa y con unos cuantos golpes ya los había dejado fuera de combate.

 -¡Guau! ¿Esa es tú hermana? –preguntó flipado Fabio.

 -¡Momo! –exclamó Hina.

 -¡Hina! –exclamó a su vez Momo, abrazando a su hermana- No sabes la preocupada que estaba por ti, idiota –dijo llorando.

 -Es la primera vez que me alegro tanto de verte –respondió medio llorando la pequeña.

 Valen, Carl y Mariana la ayudaron a desatarlos a todos y después Momo volvió a abrazar, tanto a Hina como a Lenna.

 -¡Es la última vez que hacéis esto! ¡Me estaba dando un ataque! –gritó llorando mientras las abrazaba. Ambas la abrazaron como consuelo. Después, Momo miró a  Fabio y a Phlip- Muchas gracias por intentar ayudarlas, ¡os lo agradezco mucho! –agradeció con una inclinación de cabeza.

 -Eh, bueno… Nosotros somos los que te tenemos que agradecer a ti, ¡nos has salvado! –dijo Philip, sonrojado. Le hacía mucha ilusión que una chica japonesa se hubiera inclinado hacia él. Había sido un pequeño sueño que tenía desde que le empezó a gustar el manga.

 -¡Ha sido alucinante! –exclamó Fabio, todavía con los ojos abiertos de la impresión.

 -Arigato –respondió sonriente Momo.

 Valen, Carl y Mariana ayudaron a atar a los mafiosos para que no se escaparan. Todos volvieron a ponerse alerta cuando las sirenas de la policía comenzaron a sonar.

+.-o-.+

 -¡Maldito! –gritó Joe mientras se abalanzaba sobre Gianluca, quien estaba desprevenido en aquel momento.

 Le pegó un puñetazo y una patada seguidos, y cuando estaba en el suelo, se volvió a abalanzar sobre él.

 -¡Eres un maldito asesino! ¡Asesino! –gritaba histérico Joe dándole puñetazos.

 -¡Joe! ¡Déjanoslo a nosotros! ¡Ve a por Salva! ¡Step, ve a por Raffaelo! ¡Qué no se escape! –ordenó Marc. Step inmediatamente persiguió a Raffaelo hasta retenerlo e inmovilizarlo.

 Joe le pegó un último golpe al ver una sonrisa de satisfacción en la cara mal herida de Gianluca, y dejándoselo a cargo de Marc, fue a ver a Salva.

 Cuando llegó a su lado, Joe se derrumbó. No había llegado a tiempo y aquello le dolía más que nada. Se dejó caer a su lado, observando todas las heridas que tenía y sobre todo el disparo que le había dado Gianluca en uno de los costados, muy cerca del corazón.

 -Salva, despierta, por favor. Te lo suplico –lloraba Joe intentando parar la hemorragia- Si no despiertas, te mataré, lo juro. Por favor, por favor… -repetía y repetía, suplicándole.

 -¿Joe? –escuchó decir con voz rota a Salva.

 -¡Salva! ¡Estoy aquí, amigo! ¡No te vayas! ¡Estoy aquí! ¡Perdóname, por favor, perdóname! ¡Todo esto es mi culpa! ¡Si sólo hubiera sabido…! –no pudo continuar más debido a la congoja que sentía en su interior.

 -No… es… tu culpa, ¡cof!... Me alegro… de que… estés… aquí, ¡cof! –dijo entrecortadamente entre tos y tos- No… te… atormentes… más… Era… problema mío…

 -¿Pero cómo puedes decir eso, imbécil? ¡Soy tu mejor amigo! ¡Me tienes que contar estas cosas! ¡Tienes la obligación de hacerlo, joder! –espetaba con enfado mientras lloraba.

 -Lo sé… -dijo esbozando una leve sonrisa- Pero… -se calló al ver otra silueta detrás de Joe- Eli…

 Joe supo en ese momento que se tenía que ir. Antes de hacerlo, apretó un poco de tela alrededor de la herida de bala. Algo había aprendido de la clase de primeros auxilios a la que fue un verano en Lisboa. Le echó un último vistazo y se alejó. Absorto en su dolor, no se dio cuenta de que Momo le había alcanzado y le abrazaba. La chica estaba preocupada por la sangre que tenía el chico en sus manos y en su camiseta. Giró la cabeza y vio que Eli estaba con Salva. Apretó con más fuerza a Joe, conteniendo las lágrimas. El chico la abrazó con desesperación.

 -No he podido hacer nada… Nada… -decía el chico en el hombro de Momo, llorando.

 -Shh… Tranquilo, mi amor… Tranquilo… -intentó tranquilizarle mientras le acariciaba el pelo, llorando ella también- “Ninguno hemos podido hacer nada” –pensó furiosa consigo misma.

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 Cuando se alejó Joe, Eli se quedó allí, quieta, llorando en silencio. Ni siquiera se había dado cuenta de que había empezado a nevar, ni que las sirenas de la policía habían llegado ya al río. Sólo existían esos dos ojos azules oscuros que le miraban detrás de los párpados entrecerrados.

 Lentamente, Eli fue arrodillándose hasta que cayó al suelo. Comenzó a llorar como nunca lo había hecho. Salva fue levantando costosamente el brazo hasta poder tocar con la mano el lloroso rostro de Eli.

 -Menos… mal… Estás… bien… -dijo Salva acariciando el rostro de Eli, mirándola con ojos preocupados.

 -¿Pero qué dices? ¿Acaso no te has visto? ¡Estás fatal! ¡Y tú preocupándote por mí! ¿Eres tonto?... –susurró cogiendo la mano de Salva con suavidad.

 -Lo soy… Pero… tenía… que hacerlo… Tenías… que ver… a la… persona… que… realmente soy… No… solamente… el tonto… que siempre… he sido… sino… la persona… que… más… te quiere en el mundo –dijo esto último con esfuerzo pero con emoción, apretando su mano entre la de Eli.

 Eli abrió los ojos sorprendida por la declaración, pero después sonrió entre lágrimas, y comenzó a llorar de nuevo en el pecho de Salva.

 -¡Eres un idiota, imbécil, tonto y cabezota! ¡No hacía falta que hicieras esto por mí! ¡No la hacía! Yo quería pasar una noche tranquila junto a ti… Besarnos, abrazarnos y en un momento decirte que te quiero… -dijo levantando la cabeza, quedando a pocos centímetros de la cara de Salva- Sí, te quiero, y me moriría si te pasara algo como esto… Y ahora que ha pasado, lo único en lo que pienso es en esos momentos que todavía quedan por venir… Que todavía tenemos que vivir, tú y yo… Por eso, por eso… Resiste… Por favor, resiste… -decía entre sollozos apoyando su frente contra la de él.

 -Resistiré… -respondió dejando caer una lágrima de felicidad mientras que posaba escasamente sus labios rotos en los de ella- Sólo… espérame… -dijo finalmente antes de cerrar los ojos.

 Justo en ese momento, Eli sintió como la apartaban de Salva. Intentó resistirse pero los médicos que estaban examinando a Salva no la dejaban acercarse. Llorando y gritando que quería estar con él, la llevaron en volandas hasta fuera del cordón amarillo que habían puesto al inicio de las escaleras del río. Allí estaban todos los padres. Habían ido a cenar todos los padres de nuestro grupo de protagonistas para pasar la noche juntos al igual que sus hijos. Pero justo cuando iban a salir ya del último bar al que habían ido, la madre de Lora recibió la fatídica noticia. Cuando llegaron, Michaelo y Lora les contaron todo y los padres de Salva se pusieron histéricos: el padre intentaba como fuera atravesar la zona acordonada para llegar hasta su hijo y la madre lloraba a gritos, repitiendo una y otra vez el nombre de su hijo. Cuando empezaron a salir de la zona todos los que habían ido a ayudar a Salva, los padres de cada uno corrían hacia ellos y los abrazaban.

 Todos lloraban, sin excluir a Michaelo. No podía creer que Gianluca llegara tan lejos. Cuando todos los detenidos fueron llevados al furgón de la policía, sus miradas se encontraron. Ya no le miraba con lástima, ahora lo hacía con gesto repulsivo y furibundo, como el asesino que era. Ya no lo consideraba su amigo. Nunca más.

 El cuerpo de Salva lo subieron en una camilla en la ambulancia donde se subieron sus padres. Eli quería ir también pero no pudo al no haber más sitio dentro. Fue abrazada fuertemente por sus padres y por su hermana pequeña Lenna, quien sabía muy bien cómo se sentía su hermana porque, además de fastidiarle y meterse con sus sentimientos por Salva, ella sabía que su hermana siempre había querido a ese chico.


 Aquella fatídica noche de enero cayó una terrible tormenta de nieve que duró hasta bien entrada la mañana. Parecía como si nunca volviera a salir el sol…


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